La vida va muy deprisa. No me da tiempo a whatsappearla

Aunque lo que os voy a contar no es nada nuevo, creo que es una reflexión que a mi me ha servido para darme cuenta de dónde estoy. He estado observando que las redes sociales te absorben, si, sé que es un tema muy manido, pero ahí voy, a contarte lo que me pasó.

Hacía 25 años que no sabía nada de mis compañeros de EGB y por casualidad, un día me encontré a una chica que había sido mi amiga. A raíz de ahí, organizaron un grupo de whastapp en el que nos llegamos a juntar 36 personas en un grupo… ¡madre mía! A lo largo del día se generaban como 1500 mensajes, sin exagerar. Pero a todos nos llenaba de ilusión volvernos a ver y a hablar. O estabas leyendo cada minuto o te perdías una anécdota de cuando éramos niños. ¡Qué emocionante! ¡Mi corazón se aceleraba de pensar en reencontrarnos!

Un día me dijeron, estás absorbida por el grupo, pero no podía parar de leer y de reírme, era como ser pequeña y volver a estar en el colegio, aunque sin tanto mote, vergüenza ni tanta presión por los estudios.

Paré a reflexionar ¿qué es lo que estoy haciendo? Me juzgué y pensé, ¿estoy descuidando el resto de cosas, las relaciones, la casa, el trabajo, etc por estar leyendo el whastapp?

A priori, lo que estaba haciendo era ir en contra de “la atención al momento presente” como dice el Mindfulness, pero ¿esto era así?

Igualmente, cuando estás leyendo una novela, también copa toda tu atención y te olvidas del resto, o cuando estás viendo una película (si es buena) o cuando estás hablando con un/a amigo/a, el tiempo pasa volando y no te das cuenta de qué hora es ¿realmente esto era diferente? ¿Hay mucha diferencia entre unas situaciones y otras?

Para mí, estar leyendo 1500 whastapp que trataban de nuestras batallas de hacía 25 años, era como estar leyendo un libro de historietas que te hacen vibrar, soñar, palpitar, enrojecerte, entristecerte, reír… sentir esas emociones hasta la médula. Pero claro, todo en su justa medida y equilibrio.