Estar de cuerpo presente y mente ausente en mi hospital

 

Acudir al hospital a hacer una visita a un familiar es algo que a priori nos gustaría evitar, y más cuando hace pocos días has estado comiendo un pintxo con un vino y riéndoos gozosamente en la parte vieja. Pero la vida tiene este tipo de circunstancias, las cuales hemos de aceptar. Y que con todo el cariño e ilusión del mundo, nos lleva a acudir a visitarlo, para darle nuestro apoyo y compañía.

 

Cuando entras en un hospital en horario de visita, el tránsito de personas, con uniformes multicolores, batas blancas, familiares y pacientes, es abrumador. En ocasiones parece que te encuentras en una gincana, en la que agradecerías semáforos o señales de tráfico de prioridad.

 

Como casi siempre, el familiar al que vas a visitar se encuentra al final del pasillo. Cuando entramos en la habitación, estaba sentado en una silla (a pocas horas de darle el alta), y la cama de al lado estaba siendo limpiada por dos auxiliares de enfermería. Una de esas auxiliares estaba canturreando mientras limpiaba con agua y jabón la cama plastificada y vacía.

Esto nos lleva a la reflexión de ¿Qué se sentirá estando 8 horas al día rodeada de enfermos y familiares que precisan todo tipo de servicios, desde básicos a más específicos y los familiares preocupados por el estado de su pariente, haciendo preguntas sin parar? El canturreo llevo a que nos planteáramos, si, realmente sería una manera de llevar el pensamiento a otro lugar, que no fuera el estar presente en la labor de limpiar las camas. O si realmente se encontraba feliz con la labor que estaba haciendo.

 

Durante los 40 minutos de visita entraron en la habitación otras 3 veces, con la medicación, la comida y preguntando si necesitábamos ayuda para mover al enfermo. En definitiva, para nosotros, que lo único que hacíamos era observar, sentimos un estrés continuo de tránsito de personas, cubriendo a destajo necesidades de terceros. Y mientras tanto, se dejaba entreoír  algún chismorreo que provenía del pasillo, eran dos empleadas del hospital haciendo algún juicio, no muy cariñoso, de la encargada y de sus días de descanso.

 

¿Qué pasa en los hospitales durante 24 horas? Al mismo tiempo que  circula personal sanitario, de servicios, familiares y pacientes, circulan por sus pasillos diferentes emociones, sentimientos y necesidades sin cubrir que se quedan perdidas en el limbo, pendientes de que alguien les dé una respuesta. Tal vez, se queden en nuestra mente, y nos dificulten el trabajo y las relaciones profesionales y personales. O tal vez, esas necesidades y esperanzas sean cubiertas y canturreemos porque somos felices.