¿Actúas así para nosotros o para los demás

El otro día, un amigo nos invitó a varios amigos a una cena en un restaurante. Al terminar, todos querían invitar a ese amigo a las copas y uno de ellos dijo:

“no, yo no quiero invitar, no encuentro lógico que tenga que invitarle por el mero hecho de que él me haya invitado. Le invitaré otro día, cuando a mi me apetezca y con lo que a mí me apetezca. No quiero sentirme en la obligación de hacerlo, porque él lo haya hecho” Todos nos quedamos estupefactos. ¿Qué estaba diciendo? Una amiga me dijo: ¡si invitarle entre todos hubiese sido 1€ por cabeza y quedaba bien!

Pero, realmente ¿era por el euro o era por el hecho de no seguir la corriente, de sentirse en la obligación, del que dirán o de poner en práctica su asertividad?

En muchas ocasiones es difícil decir “no” a lo que te piden, pero es una cualidad o conducta que puede practicarse. Es crear el hábito de saber lo que quieres y expresarlo de una forma satisfactoria para ti y sin la intención de herir o manipular al que te escucha. Como decía Lazarus (psicólogo estadounidense que estudió sobre el tema):

“La Asertividad es una forma de defender los derechos personales, expresar los pensamientos, las emociones y las creencias de forma directa. La conducta asertiva puede reducirse a: saber decir que no, a pedir favores y a hacer requerimientos, a expresar sentimientos positivos y negativos y a la capacidad de iniciar, continuar y terminar conversaciones”

¿Cuántas veces no expresamos lo que queremos y no paramos a pensar porque lo hacemos? Nuestros pensamientos rondan por nuestra cabeza y dejamos que se apoderen de nuestras decisiones.

¿Cuántas veces hemos dudado en preguntar algo a alguien pensando en que no le iba a gustar y luego nos ha dado una respuesta totalmente distinta a la que esperábamos? Dar una oportunidad a cada instante y dejar que nuestras emociones y pensamientos no nos absorban, puede hacer que veamos la vida de otra manera, más satisfactoria.

Podemos mejorar la asertividad, en definitiva mejorar la autoestima, conocernos mejor y saber qué es lo que queremos en cada instante, observando con curiosidad cómo se expresan las emociones en nuestro cuerpo, que respuestas damos ante esas emociones y ante los pensamientos que aparecen. Ahondando poco a poco en la calma y en la indagación de cómo somos, podemos saber que necesitamos y qué es lo que podemos hacer para conseguirlo. Esto, unido a la fuerza y al valor que necesitamos para realizar un trabajo personal profundo y efectivo.

En aquel restaurante, mi amigo supo lo que quería y cómo lo quería y tomó las decisiones adecuadas para llevarlo a cabo, intentando no dañar a los otros y consiguiendo ser coherente consigo mismo, siendo más feliz.